14 enero 2009

Desde El Balcón

Son los palcos de lujo. Todavía hoy, en el centro histórico de la ciudad de Guatemala, o en la Antigua Guatemala, los balcones se convierten en una butaca especial para la Semana Santa. Ancianos ubicados en mullidos sillones o niños que alborozados contemplan a Jesús; fotógrafos aficionados o profesionales ubicados en el mejor ángulo; adultos enfermos y mujeres a punto de dar a luz; todos ellos aprovechan la bendición que el hogar sea visitado por la imagen de sus querencias y devociones. Adornados con papel, cortinas, corozo, coralillo, estaticia y ramos o bien, engalanados con emblemas de la heráldica cuaresmal, los balcones son protagonistas de los cortejos procesionales. Estas estructuras arquitectónicas sirven también para que desde el lado de la acera, en la calle, un joven intruso trepe en sus rejas para venerar desde allí al Señor. Este adolescente amante de las funciones propias de Semana Santa, agobiado por el sol, sudoroso y cansado, refrescado con los efluvios de la cuaresma y alimentada su alma con las marchas fúnebres, perennemente iluminado por la Fé y con el corazón henchido de esperanza, solo atina a decir como moderno Zaqueo “ven a mi casa señor”... tengo la certeza que el Nazareno visitará el hogar del trepador de balcones, pues él le llevará en su corazón.